Buenas intenciones
- Podría hablaros de la que ha caído hoy en mi ciudad, de que me he pasado el día con los pies mojados y de la hora y pico de atasco que me he tragado para hacer un trayeto de 15 minutos.
- Podría hablaros del examen que he hecho esta tarde en el curro y que me ha salido de puta madre a pesar de haberle dedicado unas pocas horitas tan sólo a prepararlo.
- Podría hablaros del cliente baboso que pasa casi a diario por mi trabajo y que debe de pensar que a las mujeres nos gusta que nos llamen "encanto" o "princesa" mientras te miran directamente a las tetas.
- Podría contaros que, cada vez más, me siento como una alienígena entre las tías de mi edad por el simple hecho de no estar casada y no tener niño ni planes de tenerlo. Por cierto que estoy flipándolo con el rollo gore que se traen la mayoría de las madres y/o preñadas que me rodean que te hablan como lo más normal del mundo de sus dolores, puntos quirúrjicos allá donde dijimos, hemorroides y demás lindezas relacionadas con el maravilloso mundo de sus partos.
- Podría hablaros también de que me estoy volviendo cada vez más escéptica, que ya casi no me creo nada, que estoy perdiendo la fe en muchas cosas que creía sagradas para mí.
- Podría hablaros del sonido de mis pisadas en mi piso vacío, pero es un poco demasiado tristón incluso para mí, y además, si lo pienso a fondo, el 90 % del tiempo, me encanta vivir sola.
- Podría describiros a ese cliente buenorro, con labios carnosos y cuerpo diez que me revoluciona las hormonas cada vez que entra por la puerta. El tío no se conforma con estar como un queso, es que, además es simpático, elegante y educado. Me imagino que la debe de tener muy chica porque no es posible tanta perfección junta.
- Podría gritaros que los cabrones de ONO me han vuelto a cobrar por servicios no prestados y esta vez hablamos de 30 euros más en la factura, por "bajarme" contenidos de internet. Lo mejor de todo es que cuando supuestamente yo estaba bajándome esas cosas, estaba de viaje, con el ordenador y el módem apagados y desenchufados. Vamos unos tíos muy legales.
Me doy cuenta de que tengo mogollón de temas de los que hablar, pero al final me pasa como cuando llego a casa hecha polvo del trabajo, que tengo muy buenas intenciones y múltiples actividades para hacer, y al final me tiro en el sofá a ver la tele.
En fins, supongo que todos tenemos rachas perras en la vida, y los perros no viven tan mal después de todo...
- Podría hablaros del examen que he hecho esta tarde en el curro y que me ha salido de puta madre a pesar de haberle dedicado unas pocas horitas tan sólo a prepararlo.
- Podría hablaros del cliente baboso que pasa casi a diario por mi trabajo y que debe de pensar que a las mujeres nos gusta que nos llamen "encanto" o "princesa" mientras te miran directamente a las tetas.
- Podría contaros que, cada vez más, me siento como una alienígena entre las tías de mi edad por el simple hecho de no estar casada y no tener niño ni planes de tenerlo. Por cierto que estoy flipándolo con el rollo gore que se traen la mayoría de las madres y/o preñadas que me rodean que te hablan como lo más normal del mundo de sus dolores, puntos quirúrjicos allá donde dijimos, hemorroides y demás lindezas relacionadas con el maravilloso mundo de sus partos.
- Podría hablaros también de que me estoy volviendo cada vez más escéptica, que ya casi no me creo nada, que estoy perdiendo la fe en muchas cosas que creía sagradas para mí.
- Podría hablaros del sonido de mis pisadas en mi piso vacío, pero es un poco demasiado tristón incluso para mí, y además, si lo pienso a fondo, el 90 % del tiempo, me encanta vivir sola.
- Podría describiros a ese cliente buenorro, con labios carnosos y cuerpo diez que me revoluciona las hormonas cada vez que entra por la puerta. El tío no se conforma con estar como un queso, es que, además es simpático, elegante y educado. Me imagino que la debe de tener muy chica porque no es posible tanta perfección junta.
- Podría gritaros que los cabrones de ONO me han vuelto a cobrar por servicios no prestados y esta vez hablamos de 30 euros más en la factura, por "bajarme" contenidos de internet. Lo mejor de todo es que cuando supuestamente yo estaba bajándome esas cosas, estaba de viaje, con el ordenador y el módem apagados y desenchufados. Vamos unos tíos muy legales.
Me doy cuenta de que tengo mogollón de temas de los que hablar, pero al final me pasa como cuando llego a casa hecha polvo del trabajo, que tengo muy buenas intenciones y múltiples actividades para hacer, y al final me tiro en el sofá a ver la tele.
En fins, supongo que todos tenemos rachas perras en la vida, y los perros no viven tan mal después de todo...

